2019
Una vez, alguien a quien amaba mucho mucho, se tiró del barco donde navegábamos juntos. Yo me quedé arriba, navegando solo y con el barco en llamas. Nunca supe porqué lo había hecho. Busqué pero no encontré nota alguna mas que el recuerdo de haberla visto saltar.
Al pasar las noches frías de naufragio en el medio de un océano sin rumbo, fui entrando en el ojo de una tormenta que justo, justito, pasaba por ahí. Mientras yacía amarrado bajo la lluvia a un par de troncos que habían quedado del incendio, el mayor rayo del ojo de la tormenta me dio en la mente y hundió mi corazón por completo en las profundidades de aquellas aguas heladas.
Y así fue como conocí el mundo oscuro de las cavernas marinas; algo que había quedado, un cachito de luz, nadó por esas corrientes salvajes y revueltas, y mientras lo hacía con los labios oxidados pese a estar bajo el agua, extrañaba con nostalgia la calma y la dulzura de los lagos.
Después de un tiempo, ya cansado de nadar, reposé en una de las cuevas. Al despertar recuerdo que me faltaba el aire y estaba todo, extremadamente, oscuro. Me sentía solo, muy solo.
Ya sin distinguir la noche de los días, una burbuja de oxígeno apareció con una velita en su interior y me alumbró para que pudiese volver a ver. La burbuja me invitó a elevarme con ella, así que la abracé con fuerza y de a poco pude sentir como iba dejando aquel mundo oscuro y cavernoso.
Después de esa hermosa travesía salada y ya en la superficie, pese a que la tormenta ya había pasado, el oleaje aún seguía alterado. Pese a ello, esa noche, buscamos la manera de acomodarnos para ver a la luna y a las estrellas brillar y antes del amanecer, la burbuja me dio un beso y siguió por otro rumbo. Con la fuerza de ese airecito, empecé a nadar en búsqueda de alguna señal de tierra firme.
A la mañana siguiente, mientras luchaba con los restos, pude ver el sol bien temprano al amanecer. Justo en ese momento, una gaviota me acompañó por un rato, pescaba algunos otros besos y abrazos en el mar y me los daba de comer para que no perdiera la fuerza ni el rumbo. Ya me iba acostumbrando a esas nuevas corrientes y gracias a esa gaviota logré pasar la rompiente de todo lo que había quedado atrás.
El amanecer estaba cada vez mas claro. Pasaba el mediodía y llegaba así la tarde. Cayendo desde el cielo, un pétalo de rosa se posó en mi frente; el océano guardaba en silencio otras lecciones en sus profundidades, mucho mas profundas y trascendentales de lo que alguna vez hubiese podido imaginar. El pétalo de rosa caía lentamente del cielo y me enseñaba que la gravedad del agua puede hacerte caer aún más bajo si es que no se cuenta, aún, con el arte del buceo. Al paso me di cuenta que ese buceo, es un tanto parecido al arte de volar, irónicamente, son parte del mismo hemisferio del ser.
Así fue como, en un paisaje que reflejaba los confines de un barco de una historia de amor frustrada, totalmente incendiada y hundida en la locura del fondo de una cueva marina, en la superficie de la luna, en la luz de las estrellas, en los amaneceres y en sol, en la misma fuerza de la gravedad, se abría un agujero oscuro en el medio del mar con forma de remolino y que, en lo que dura un fin y un principio de año, me tragaba por completo sin siquiera hundirme en ningún tipo de fondo ni en ningunas aguas, sino que, contraria a toda idea de dimensión, me dejaba en la nada misma, en aquél mismísimo lugar donde ni siquiera una caverna oscura y solitaria tiene sentido, un lugar que tampoco podría llamarse lugar. Después de haber sido tragado por aquello que se traga absolutamente todo, y que inclusive se traga hasta el mismísimo tiempo, mi vida cambió.
De vez en cuando, pienso: "no sé si podría llamar a esto "vida"", y no por renegar de lo que usualmente se entiende por vida o por muerte, sino por el hecho de que en realidad haya otro tipo de significado atribuible a todo esto que acontece: podría ser una ilusión, o una especie de sueño dentro de un sueño dentro de otro sueño, algo que solo existe en mi mente, algo a lo que yo y solamente yo, le doy forma y diseño pero que irónicamente, a la vez, también se da con todo y quienes que me rodean, algo así como un proyecto mayor y que justamente por el hecho de existir la nada, también existe el todo.
No sé, creo que estoy volviendo de a poco de ese lugar que no es un lugar. Algo, una brisa, en algún momento, no sé cuando, me envolvió en sus cantos y me tiró en este faro en las nubes que es donde me encuentro ahora. Acá me dieron unos mates y me convidaron unas almendras; en la nada ni siquiera te das cuenta de que aún perduran ciertos gustos.
Poco a poco, me voy animando a mirar hacia la tierra. Miro a lo lejos y parece que se vuelven a prender algunos fueguitos. Luego veo a la tierra inundada, y aunque ello frecuentemente me cause vértigo, ahora sé que existen las burbujas con velitas y que también existen las gaviotas y otros besos y otros abrazos en el mar.
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